Miércoles 23 de Agosto, 2017
Dr. Antonio Castellanos Barroso 2017-07-14
Efecto bisturí. Mi charla con José Luis Cuevas

C_BELLA

Conversando con José Luis

El pasado 3 de julio, a los 86 años de edad falleció el famoso pintor, escultor, ilustrador y escritor mexicano José Luis Cuevas Novelo. Dotado de una magnética personalidad, desde muy joven aprovecho los medios de comunicación, como pocos, para darse a conocer. Rubio de pelo largo, guapo y sobre todo polémico, el artista fue conocido como el “niño terrible” de la pintura en México y fue un miembro prominente de la llamada “Generación de la Ruptura”.

Hace aproximadamente cinco años, durante una fiesta de cumpleaños de un amigo mutuo, celebrada en el restaurante “La Palmera”, en Altavista, me tocó en suerte sentarme junto a él en la mesa de honor. Y fue ahí donde tuve la oportunidad de sostener una charla, no sobre pintura y escultura, sino sobre Cirugía Plástica; sí, porque como muchos sabemos José Luis Cuevas era un hombre que se fijaba mucho en su belleza y su juventud. Hasta la muerte de su esposa Bertha, todos los días se tomó una fotografía. Tenía miedo a envejecer, aunque nunca lo admitió.

-Es ¿usted doctor? –me preguntó al iniciar la plática.

-Si maestro, soy Cirujano Plástico,

-¡No me diga! ¿Oiga platíqueme que hay para quitar las arrugas del cuello?

Su pregunta me llamó la atención, pero me gustó porque tuve la oportunidad de hablar con un hombre como Cuevas, de mi tema favorito: la Cirugía Plástica.

-Existe una cirugía poco invasiva que no solo elimina la piel que sobra en el cuello, sino que elimina las zonas de grasa que se forman, es decir, la papada.

No terminé mi explicación cuando rápidamente me interrumpió y me confesó que no le gustaba su cuello.

-Mire doctor, yo inicié hace muchos años haciéndome una pintura de mi rostro todos los días, después continué tomándome una foto a diario. Usted debe saber que el estudio de estos rasgos para expertos en cara como usted y como yo, es de una gran valor. No lo hago por vanidad, no me considero vanidoso, lo hago para verificar mi proceso de envejecimiento día a día.

-Lo entiendo muy bien, le dije y le propuse fantasear un poco sobre la cirugía que le haría a su cuello y como cambiaría su imagen.

-Maestro, un cuello bien definido con el borde de la mandíbula bien marcado, es una señal de juventud…

Nuestra plática era interrumpida constantemente por admiradores que se acercaban a saludarlo y fotógrafos que le pedían que posara para sus medios impresos. Al final estuvo de acuerdo con la cirugía propuesta e incluso hablamos de cuánto costaba y cómo era el proceso para poder efectuarla. Volteó a su izquierda y le preguntó a su señora:

-¿Qué te parece si el doctor me quita este cuello que me estorba?

-Bien, me parece bien –respondió ella.

Y, posteriormente, con ese peculiar y ácido sentido del humor que le caracterizaba agregó:

-Yo siempre he sido noctámbulo. Las tertulias y fiestas me encantan. Conozco muchas artistas mujeres de esas de la vieja guardia y amistades de éstas. A propósito le voy a contar una anécdota: en una de estas reuniones se encontraron dos vejestorios y se saludaron:

‘Amiga, pero que guapa estás. Los años no pasan por ti’.

‘No, mi corazón tú eres la que te ves hermosa, guapísima’, le contestó la otra.

-¡Y las dos estaban terriblemente viejas y feas!

Reconozco que el maestro Cuevas me dio nombres, pero por prudencia no diré de quien estaba hablando; pero continuó.

-Mire doctor –agregó Cuevas-, ustedes los cirujanos plásticos deberían tener una actitud de prudencia ¿A que me refiero? Sí está bien que los pacientes se vean mejor después de una cirugía, pero nunca tendrían que exagerar en los cambios como para que la persona parezca otra o que se quiten las expresiones.

Me puso el ejemplo de Mario Moreno “Cantinflas”, quien durante la década de los 70 se hizo varias cirugías y perdió la expresión. “Su cara ya no proyectaba nada. Y por encima se dedicó a ser vocero del presidente en turno…”

Mi charla con el maestro Cuevas continuó unos minutos más, hasta que finalmente se despidió y se fue a su casa. La cirugía nunca se efectuó.

Pero,  hay algo que desde entonces me llama mucho la atención, que una persona con esa personalidad narcisista tuviera el concepto de la cirugía plástica limitada y muy cuidada, que no se notara exagerada. En aquel momento estuve de acuerdo con él y sigo en ese mismo tenor.

Mi encuentro con el maestro José Luis Cuevas fue muy enriquecedor para mi persona y como profesional de la Cirugía Plástica, por eso hoy, a unas semanas de su muerte,, quise compartir esta plática con todos ustedes.  Honor a quien honor merece. Cuevas dejó cuadros, dibujos, ideas…Fue todo un personaje del México moderno.

Dr. Antonio Castellanos Barroso

Cirujano Plástico certificado 496

552514 8479

dr_castellanos@hotmail.com