Miércoles 23 de Agosto, 2017
Redacción 2013-01-28
Aún sin métodos para detectar el dopaje genético

Aún no existen métodos de detección para el dopaje genético, pues el estímulo económico para hacer investigación científica en contra es mucho menor que los patrocinios para los atletas, afirmó Benjamín Ruiz Loyola, académico de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM.

El dopaje genético es el método más avanzado para ocultar el consumo de sustancias prohibidas en el mundo deportivo; consiste en utilizar la terapia respectiva para incrementar el rendimiento, sin que las pruebas convencionales lo detecten.

“Una técnica de este tipo de terapia consiste, por ejemplo, en tomar de un virus inocuo su material genético, insertarle un gen específico de interés, como el que permite la síntesis de la insulina humana, e inyectar el virus con el material modificado en el organismo de un diabético. Con ello, la persona generará insulina y la enfermedad estará más controlada”, explicó.

Genes para oxigenar, regenerar y resistir

En el caso de los atletas, el dopaje genético utiliza varios genes. Uno es el ACTN3, que permite la regeneración rápida de fibra muscular. “Si alguien se lesiona y le inyectan un virus genéticamente modificado con ACTN3, se recupera con mayor prontitud”, detalló Ruiz Loyola.

Otro método utiliza el gen de la hormona eritropoyetina (EPO), que aumenta la producción de hemoglobina en la médula espinal. Si el deportista se cansa, comienza a faltarle oxígeno y su respiración se hace anaeróbica; esta última genera ácido láctico que se acumula en los músculos y causa cansancio, rigidez y dolor del músculo, además de sensación de falta de aire; con esta técnica de la EPO, se capta más oxígeno y se tiene mayor rendimiento, porque el cuerpo está oxigenado, tiene más sangre y la respiración es completamente aerobia, comentó.

Aumentar la cantidad de EPO implica incrementar el flujo de sangre y oxígeno. “Es un efecto similar al de drogas como el Éxtasis, las famosas tachas, pero estas drogas son estimulantes, mientras que aquí el efecto se produce por aumentar el volumen sanguíneo”, aclaró.

La hormona de crecimiento humano es otra sustancia que también aumenta el rendimiento, porque permite producción de sangre (por un mecanismo distinto al de la EPO) y favorece el desarrollo de masa muscular.

El investigador de la FQ precisó que no está comprobado que ya se utilicen estas técnicas, pero existen. Como es algo prohibido, nadie confesará que lo aplica a algunos deportistas.

“El ciclismo es uno de los deportes en el que inició la detección de sustancias no aptas para esas actividades y la salud. En ciertas rutas ciclistas y eventos olímpicos han habido fallecimientos de deportistas que consumen estimulantes para reducir el cansancio”, recordó el químico.

 

Riesgos

La nueva era del dopaje genético ocurre en el momento que el sanguíneo ya tiene métodos de detección eficaces.

Antes se usaban los esteroides anabólicos, que aumentan la masa muscular y permiten que haya más fuerza. “El problema es delicado, hoy día muchas de las sustancias son detectables, como la testosterona, el clembuterol y un nuevo anabólico esteroidal, llamado THG”, reveló Ruiz Loyola.

Sin embargo, el dopaje genético es un paso adelantado y no hay aún métodos que lo detecten. “No hay muchos especialistas en terapia génica y el problema es complicado porque en la medida que se especializan los métodos para hacer trampa, también deben hacerlo los de detección, pero ésta va dos pasos atrás”.

Entre los riesgos, el universitario destacó que el aumento del volumen sanguíneo (por empleo de eritropoyetina [EPO], por dopaje sanguíneo o por dopaje genético con el gen de la EPO) implica el incremento de los factores de coagulación y, por lo tanto, más posibilidades de una trombosis. “También puede haber arritmia cardiaca por la presencia de trombos, que ocasiona infarto cardiaco. A todo esto se exponen los deportistas que hacen trampa”.

Otros problemas son la deformación exagerada del cuerpo, que produce rasgos masculinos en las mujeres, y viceversa, además de los daños hepáticos, finalizó.

 

Fuente: Dirección General de Comunicación Social UNAM